Vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos


Jesucristo es nuestro Señor y Salvador. Es también el mejor amigo que tenemos, el que no nos falla nunca. Si nosotros no lo dejamos, El no nos abandona jamás.

Por eso no hemos de tener reparo en acercarnos a El y contemplarlo como Juez: “Resucitó al tercer día y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”, esta es nuestra fe que proclamamos todos los domingos.

En la Sagrada Escritura se nos habla de una doble venida de Jesucristo. La primera venida fue cuando “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14); “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gal 4, 4). Se refiere aquí al hecho central de la historia humana: la Encarnación del Hijo de Dios, la primera venida de Jesucristo.

La segunda venida será al fin del mundo cuando venga a juzgar a todos los hombres y mujeres. Esta segunda venida es conocida en la Sagrada Escritura como el Día del Señor; Jesucristo advierte que “acerca de aquel día y hora nadie sabe” (Mt 24, 36); y san Pablo advierte: “Ustedes saben bien que el día del Señor llegará como el ladrón en la noche” (1Tim 5, 2).

El anuncio de la segunda venida para juzgar y establecer definitivamente el Reino de Dios, Reino de justicia, de amor y de paz, es una invitación a cada uno de nosotros para seguir a Jesucristo y vivir responsablemente nuestra vocación cristiana. Nos anima a hacer lo que es agradable a los ojos de Dios para alcanzar el premio.

Al final de nuestra vida en la tierra llegará el día en que nos presentemos ante Jesús para darle cuenta de nuestros pensamientos, palabras y obras. Por eso la Iglesia pide, cuando se marcha de este mundo uno de sus hijos: “Concédele que tu Hijo Jesucristo, en quien siempre creyó como Salvador, sea para él Juez misericordioso”.

La segunda venida gloriosa del Señor traerá vida y salvación para todos aquellos que acepten este regalo de Dios. Pero queda la posibilidad de la condenación para los que libremente rechacen el amor salvador de Dios.

El tiempo litúrgico del Adviento que celebramos en diciembre y que consta de cuatro semanas, nos dispone a permanecer en una actitud de espera del Señor para estar dispuestos a acogerlo, pues viene con toda su plenitud de vida para establecer la salvación total y definitiva. La esperanza del Adviento seguirá impulsándonos hacia la conquista de “algo mejor” para la humanidad, mientras seguimos pidiendo: “Venga a nosotros tu Reino”. Así se manifestará en todo su esplendor la presencia de Dios como reino de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz.

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Publicado el junio 15, 2010 en La voz de Santa Rita y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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